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Las máquinas de coser antiguas tienen un encanto vintage que pocos aparatos tradicionales son capaces de igualar.

Desplazadas por las modernas máquinas de la actualidad, que cuentan con multitud de funciones automáticas y electrónicas, todavía perviven muchas de ellas gracias a los usuarios más nostálgicos.

Algunas forman parte de museos de época, otras han sido reutilizadas para otras funciones en el interior del hogar y algunas, pocas, se siguen usando con su función original: la costura.

Antes de entrar a analizar cómo son las máquinas de coser antiguas y qué las hace especiales, es interesante echar la vista atrás.

En concreto, a mediados del siglo XIX, momento en el que se patentaron las precursoras en plena revolución industrial.

De hecho, la máquina de coser de entonces fue uno de los símbolos del avance tecnológico de la época.

Aunque los orígenes y las primeras patentes son anteriores, fue en Estados Unidos y en ese periodo cuando nace lo que hoy entendemos por máquina de coser, con su aguja y su prensatelas correspondiente.

Se lo debemos a dos inventores: Elias Howe e Isaac Singer.

Este último, aunque debió pagar un royalty al primero, fue el gran encargado de sus desarrollo y comercialización.

Por tanto, ese es el origen de uno de los gigantes de la industria actual, Singer, marca a la que hacemos referencia en este sitio web a menudo, pues sus modelos siguen siendo un referente para las máquinas de coser modernas, especialmente las domésticas.

Diferencias entre las máquinas de coser antiguas y las actuales

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La estructura y el funcionamiento básico es más o menos similar en las máquinas de coser antiguas y en las actuales: ambas se componen de una base en la que están los elementos para el arrastre de la tela, mientras que en el extremo del brazo superior se hallan la aguja y los elementos encargados para su movimiento.

Sin embargo, las diferencias entre unas máquinas y otras son también evidentes, incluso a simple vista.

En esta lista te contamos cuáles son algunos puntos de divergencia.

  • El tamaño: pese a que las dimensiones del brazo y la base no difieren mucho de las máquinas de coser actuales, el conjunto del aparato sí es más grande, pues hay que añadirle la mesa fija a la que está unida. Por tanto, las máquinas antiguas no suelen ser portátiles, aunque sí hay modelos de este tipo.
  • El peso: puesto que el brazo suele estar fabricado en metal, el peso de las máquinas de coser antiguas es mucho mayor.
  • La energía que la acciona: si bien las máquinas actuales funcionan con energía eléctrica, en ocasiones almacenada mediante baterías, la energía que hace funcionar a las máquinas antiguas es la fuerza humana. De hecho, la manera más tradicional de originar el movimiento de la aguja ha sido siempre el pedal, accionado continuamente por la costurera o el costurero.
  • La selección de la puntada: mientras en las máquinas electrónicas actuales la selección de la puntada se activa con un botón y viene configurada de manera informatizada, en las máquinas antiguas este proceso es mecánico. De esa manera, se elige con una rueda o palanca, que modifica los parámetros de la puntada (tipo, ancho, largo).

Usos actuales de las máquinas de coser antiguas

Como decíamos, aún existen nostálgicos que siguen utilizando sus máquinas de coser antiguas, que funci

onan a pedal.

Sin embargo, otras muchas personas han decidido restaurarlas y utilizarlas como mobiliario de decoración, sobre todo en casas de estilo rústico o tradicional.

En algunos casos, no solo son decorativas sino que también se han adaptado a otras funciones: mesas de estudio, mesitas auxiliares o mobiliario para baño.

En Internet encontrarás numerosas ideas que te servirán de inspiración.

 

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